martes, 15 de diciembre de 2009

¿Quién controla a las ONGDs?

"a las ONGs no se les puede responsabilizar de sus acciones, ni existen mecanismos de control público"

Ante el incremento imparable de Organizaciones No Gubernamentales a partir de la globalización, muchos han visto en este sector una oportunidad de "mercado a explotar" tanto por asociaciones privadas, como por parte de los Estados, quienes en muchos casos han sido los propios promotores de las mismas.

La razón por la cual he elegido este fragmento es porque es fundamental establecer los mecanismos de control necesarios hacia las actuaciones de las ONGDs, quienes en muchos casos actúan condicionadas por las provisiones económicas de sus prestatarios o donantes, o incluso son las mismas administraciones públicas las responsables de las acciones de las ONGDs, que actúan bajo los criterios o preferencias de las Administraciones de manera contraria a la misión primordial por la cual fueron creadas. Además, las Administraciones suelen ver en las ONGDs una oportunidad de evasión de responsabilidades sociales, demostrando una incoherencia política sistemática. Estos “parches” ni curan las heridas por las cuales han sido concebidos, ni tienen pretensión de hacerlo en un futuro, por el mero hecho que han sido creados para ocultar la mala gestión social habitual de los gobernantes en su ámbito público. Tal incoherencia, aunque no se hace pública en muchas ocasiones, es constante en las decisiones de los Estados; actuaciones militares, venta de armas o políticas antisociales son ejemplos cotidianos a los que estamos acostumbrados, y sin embargo los Estados ven en las políticas “solidarias” vías de escape a tales gestiones.

De ahí que existan numerosas críticas tanto hacia los Estados como hacia las ONGDs. Éstas últimas se han visto favorecidas por la impasividad de la Sociedad a controlar las acciones de las mismas, actuando “a sus anchas” sin rendir cuentas a prácticamente ningún actor. Además, esta rendición de cuentas siempre ha sido hacia abajo, por parte de los beneficiarios de la ayuda, y en muy pocas ocasiones ha existido una rendición de cuentas en sentido contrario, en la cual las ONGDs deben hacer autocrítica interna para mejorar todos los procesos organizativos y de actuación.

Ante la impasibilidad de las administraciones locales, nacionales e internacionales de dejar pasar por alto las actuaciones de las organizaciones no gubernamentales, es necesario replantearse la problemática, establecer los mecanismos necesarios y restablecer los valores éticos por las cuales las ONGDs fueron creadas. Además, en tiempos de declive económico y ante la escasez de recursos que cada vez se hace más evidente, es necesaria una actividad de control para garantizar que la ayuda es eficiente, que las ONGDs actúan con una visión organizativa y en base a criterios por objetivos los cuales deben ser medibles para así poder corroborar los proyectos con hechos objetivos. Cierto es que aunque cada vez existe más presión social para cambiar la actuación de las ONGDs y existen mejores recursos educativos para hacerlo, todavía queda un largo camino para tratar de solucionar la problemática.

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